Anoche vimos una película donde el protagonista muere cerca del final y una de las últimas escenas es la parte donde un abogado lee la herencia.
En Estados Unidos (por lo menos en las películas) siempre hay una herencia y se respetan las decisiones que quedaron escritas, más allá que quién resulte beneficiado no sea pariente del difunto.
En Argentina es diferente. Por lo general cuando alguien muere de viejo no deja escrita la forma en que quiere que se repartan sus bienes. Y casi siempre este es el principio de tremendas peleas entre los hijos. Aparecen los egoísmos y afloran conflictos tontos que se creían borrados por el tiempo.
Uno debería terminar la vida habiéndose gastado todo, sino significa que acumuló más de lo que necesitaba. En el caso de dejar algo, habría que dejárselo a quién menos lo espere y no a quién se crea con el derecho ganado. Imagínense las caras de los posibles herederos al escuchar cosas como: “La casa de veraneo se la dejo a Patricio, el del programa Bob Esponja” ese sería un heredero inesperado.
Las herencias más nombradas en la Argentina son siempre negativas. Son las que los gobernantes anteriores les dejan a los que los suceden en el cargo.
¿Por qué no lo vemos a Obama diciendo todo el tiempo que Bush le dejó una pesada herencia? Creo que por dos razones: La primera es que es demasiado evidente el estado en el que quedó la Unión después de ocho años de Bush hijo. Y segundo porque se concentra en solucionar los desastres del bobo y no está todo el tiempo en los medios diciendo: estoy apagando incendios todo el tiempo, o atajando penales, o cosas similares que hemos escuchado muchísimas veces.