Si yo hubira sido Dios, en el momento de la creación hubiese hecho lo siguiente.
1) Hago la luz, y veo que la luz es buena. (seguramente ya lo suponía de antes, ya que soy tan todopoderoso que ni yo me lo creo)
El paso siguiente hubiese sido:
2) Apagar la luz, prender la luz, apagar la luz, prender la luz, apagar la luz, prender la luz… y así un buen rato. Seguro me divertía bastante porque ser Dios antes de la creación debe haber sido muy aburrido.
Cuando uno es chico, el prender y apagar la luz nos da una sensación de poder que muy pocas cosas pueden lograr. Con sólo mover el dedo hay luz o no la hay. El mundo se ve o queda a oscuras... y todo gracias a un movimiento de mi dedo.
A nuestros padres no les hacía ninguna gracia ese juego: “vas a quemar el foco” siempre se decía. No recuerdo que eso me haya pasado. Los focos se queman cuando uno necesita sí o sí la luz de la habitación prendida, y no cuando juega con ella.
Ayer hablaba de esto con Cele en el colectivo, y hoy me lo recordó la publicidad de Luchetti que subió Chuli a su
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